¿Cuánto vale el dinero en la seducción?

Todo aquel que haya trabajado en una empresa de cualquier dimensión sabe que el tema de los sueldos es más escabroso que confesar una deformidad corporal o un fetiche. Lo primero que te pide el personal de Recursos Humanos al firmar un contrato —sin importar la suma— es que por favor no divulgues cuánto ganas con el resto de tus compañeros. Luego, si el tema sale a colación, se recurre a eufemismos para evadir una cifra exacta: “Haz de cuenta que te dan un aumento del quince por ciento y ahora ganas ‘tanto’. ¿Cuánto es “tanto”?

En materia de seducción el tema es igual de confuso y hay cualquier cantidad de hipótesis al respecto. A unos les inculcaron que debían tener una carrera universitaria para acceder a un buen trabajo y mantener a una familia. A otros les enseñaron que poseer un auto deportivo es una pócima infalible para convertirse en deidades sexuales y a otros, una serie de crianzas new age o hippies los convencieron de que el dinero no es más que una ilusión perversa que deforma las ambiciones del ser humano y las centra en el poseer, no en el ser.

Todas ellas ratifican lo fundamental que resulta el dinero en nuestra sociedad. Analicemos algunos puntos económicos que deberíamos considerar al momento de ligar o entablar una relación.

 

No importa cuánto ganes, sino cómo lo gastes

Si en algo no se equivoca el heroico personal de Recursos Humanos al pedirle discreción a sus empleados acerca de sus salarios, es que estos son relativos. Una persona con un ingreso bajo no necesariamente tiene una calidad de vida menor a la de alguien que gana más. 


El secreto está en una adecuada administración de los recursos, que incluye no endeudarse (si no es necesario), no despilfarrar la quincena antes de ser depositada y asesorarse con un experto en caso de querer invertir un posible excedente. No se necesita dinero para tener una gran cita, pero sí buen gusto. Comprar un café y echarse a caminar por camellones arbolados envueltos en una conversación cautivadora puede ser una experiencia más romántica que sentarse en el mejor restaurante de la ciudad.

 

Cuando el futuro nos alcance

La solvencia económica no solo debe considerarse al principio de un idilio, sino también en el plan de vida de los implicados. A veces parece que las aventuras de casarse, comprar una casa, salir de vacaciones o tener hijos fueran parte de una compleja e incorruptible programación. ¿Quién dijo que era obligatorio, o peor aún, que había que hacerlo antes de un determinado tiempo?

Cada decisión tiene diferentes implicaciones en la vida de una pareja, y el impacto de las mismas puede ser tan decisiva o insignificante como sus respectivas metas personales. Por eso, cada uno tiene que expresar aquellos anhelos que no están a discusión y negociar los que sí. Ambos deben proyectar y hacer un análisis exhaustivo para conseguir eso que los catapultará a lo que el resto llamamos plenitud.